viernes, 11 de mayo de 2007

Una mañana

Abrió los ojos, se dió cuenta que un nuevo día había comenzado, pero no era un día cualquiera.  En éste, había un Sol radiante, un cielo despejado, las nubes se habían ido de paseo, y en el ambiente se respiraba, se sentía el efecto de un nuevo día, más alegre que los vividos últimamente, tan alegre que los pájaros cantaban, las ardillas se veían bajando de los árboles, correteando por las mangas.  Era un día que enviaba felicidad por todos los rincones de la casa donde ella dormía su celebración del día anterior.

Quería seguir durmiendo, porque en su cuerpo todavía sentía los residuos de la noche anterior, sentía como su cabeza pesaba más de lo normal (y no precisamente porque se había vuelto más inteligente), sus piernas temblaban junto con sus manos, y aún en su estómago tenía licor tratando de ser digerido o procesado.  Quería seguir durmiendo, pero sabía que no podía evadir sus compromisos, y que por mucho que le pidiera al despertador unos minutos más de descanso, no sería posible dejar que su cuerpo, su sueño, tuvieran lo deseado, una mañana sin barreras para estar en el mundo Onírico, donde pudiera pasar el tiempo necesario para que su fiesta interna se acabara para levantarse tranquilamente.

No volvería a beber en semana, eso pensó, pero sabía que lograrlo no es posible, mientras se dieran los motivos para celebrar.

Al dejar de pelear con el despertador, que es un arma tan mortal para la mente como lo es una pistola para el cuerpo, se levantó, prendió un cigarro  y se fue para la cocina, buscó algo de comer mientras se tambaleaba frente a la nevera, sosteniéndose de la puerta para no caerse.  Desayunó cuando terminó su cigarro y se metió al baño, con la esperanza que el agua diera el alivio que pedía a gritos cada una de las células de su cuerpo afectadas por la noche anterior.  Sintió como caliente, caía el agua recorriendo desde la cabeza hasta los pies, sin aliviar su castigo.

Su mañana transcurrió tranquila, pero no logró conseguir ese algo que la aliviara, y casi 3 horas después de haberse tenido que levantar, aún no encuentra remedio para su sensación de debilidad y de resalto que tiene el mundo frente a ella.  Tiene tanto sueño y tanta sed que no lo puede creer, no culpa la fiesta, culpa la falta de sueño nocturno, que no fue causada  por la celebración, sino por culpa de la vida que se encargó de no dejarla dormir en su casa, sino en otra, donde no tiene acceso a su total disposición.

Mira sus superhéroes, será que a ellos los afecta no dormir, o sus cuerpos son tan resistentes al insomnio y al licor como son a las balas y a los golpes??

Cierra los ojos, desea que el día no haya comenzado aún, se voltea de lado en el mueble que le sirvió de cama durante la noche, le pide minutos extras al despertador, lo que no sabe es que realmente lo apagó, abraza a quien acostumbra hacerlo, sonríe al escuchar los pájaros y sucumbe ante el poder y la necesidad del cuerpo de volver hacia el mundo Onírico y permanecer unas horas más...

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