sábado, 10 de noviembre de 2018

Limpieza hepática y la madre que la parió

Mi novia de vez en cuando sale con ideas locas. A continuación el relato de la última:

Fue donde su nutricionista y cuando llegó a casa me contó su nuevo plan de alimentación y un pequeño detalle, debía hacerse una limpieza hepática antes de empezar su nueva forma de alimentarse. Me lo contó y yo, como siempre, después de escucharla hice la respectiva cara de asco y de rechazo ante la idea. Creo que la cosa se quedó por mi parte así, aunque conociendo a Natalia, seguro le siguió dando vueltas y comentándome el asunto.

Quedó de averiguar el kit de limpieza al día siguiente para comprarlo y empezar.

Al día siguiente volvió a surgir el tema de la dieta y la bendita limpieza y me dijo: "¿es que tú no la vas a hacer conmigo?" y yo, no sé en qué momento ni bajo qué clase de raciocinio le dije: "la limpieza si, pero la dieta no".

Hágame el favor, millones de años de evolución para que los humanos tengamos el cerebro y la razonalidad que tenemos ahora, ¡para que el mío salga con semejante cosa! Lo deja a uno tirado cuando más lo necesita, cerebro hijuemadre...

El plan era empezar un fin de semana porque el doctor le advirtió que el último día de la limpieza debía estar quieta, tranquila, relajada en casa.

Pues así pasó la cosa, llegó el fin de semana, compramos los kit (uno para cada una) y decidimos empezar el lunes festivo para poder terminar el domingo siguiente.

Fuimos a comprar todas las cosas que podíamos comer durante esa semana y listo, estábamos "preparadas" para lo que íbamos a vivir, que nos iba a resultar en un hígado limpio, más energía, sin cálculos, menos grasa, bla, bla, bla. La verdad es que yo no tenía ni puta idea en lo que me estaba metiendo...

Día 1 a día 4: tomando una cantidad "normal" de pastillas, no se siente nada diferente, hasta ahora lo único difícil es la dieta, extraño mucho el queso. La leche deslactosada no sabe bien para nada, pero es temporal entonces no le doy mucha mente.

Día 5: al final del día cuatro tuve que aumentar la dosis de una de las pastillas y se puso feo, cólicos miedosos, mis tripas sonaban como si una batalla de orcos se estuviera desarrollando ahí adentro y lo peor es que a Natalia no le pasó nada. Yo tuve que entrar al baño incontables veces y ¡a esta otra ni se le mueve un pelo! Tomo mucho líquido, empiezo a odiar este asunto de la limpieza, me siento sin energía, me duele la panza y ya estoy harta de entrar tanto al baño. Afortunadamente falta poco, porque qué estado tan horrible.

Día 6: en la mañana me sentí un poco mejor, comí bastante porque sabía que era el día del ayuno. Almorzamos ensalada y a partir de las 3 pm sólo podíamos tomar agua hasta el día siguiente, qué asco. 
Hicimos siesta para pasar el tiempo y cuando despertamos sentí morir de hambre y apenas son las 6 pm. Tome agua y hágase la boba. Pronto querré matar a Natalia. Tomo agua, hablo poco, me muevo poco, me falta la energía. Natalia está preocupada por mí, ¿qué diría mi cardiólogo?, pensamos. 
Mejor no pensar mucho en la situación, hablamos bobadas. Es hora de tomar 12 pastillas, en 2 horas tocarán otras 12. Natalia se las toma una por una, qué floja, yo me tomé eso de una y ella no lo podía creer. Decidimos hacer un video para la próxima tanda de pastillas. (les quedo debiendo el link)

Seguimos tomando agua y leyendo el libro del curso de buceo, a ver si nos entretenemos y dejamos de pensar en el hambre.

12 pastillas más, gas.
Natalia quedó con la pancita llena, yo estoy que me como el pelo, pero sigo  tomando agua. 
Quiero matar a alguien. Llevo siete horas sin comer y estoy odiando todo lo que se menea. 
Vemos Netflix, entretenemos el coco a ver si ayuda a no pensar en lo vacío del estómago y en la energía que cada vez se me agota más. Natalia me ha dicho varias veces que coma, pero yo pienso que ya en este punto, después de todo lo que he aguantado, más bien sigo con la limpieza de la madre que la parió. Más le vale a mi hígado que quede reluciente y que las neuronas que contiene queden bien lavaditas. A este paso, mañana levito y escribo una novela.

Tomando 12 pastillas me sentí como una mula, ¿cómo son capaces de aguantar eso? la necesidad y la mentalidad y a saber qué cosas más lo llevan a uno a locuras.

A las 11 pm nos tuvimos que tomar una porquería de jugo de naranja con aceite de oliva, yo hice mi mejor esfuerzo y como si estuviera tomando guaro me mandé eso lo más rápido que pude sin saborearlo. Natalia por otro lado casi se vomita -o vomitó-, no sé, le dio muy duro tomarse eso. Afortunadamente nos debíamos acostar a dormir inmediatamente y eso hicimos, es mejor dormir que aguantar hambre, como hacen los indigentes.
Mis tripas suenan toda la noche, esto se va a poner peor.

Día 7: se destapó pandora, y de tanto entrar al baño me ardía el culo y pensé en pasar el día en el baño, "con el cargador, la botella de agua y el celular puedo estar aquí". ¿Cómo no compramos pañitos húmedos? Juemadre, se han destaqueado nuestras tuberías.
Pudimos comer algo suave, pero sólo para alimentar la bestia que estaba emergiendo de nuestro interior.
Yo que pensé que el día 5 había sido la cagada, el día 7 me sorprendió.
Teníamos que estar tranquilas y fue casi obligatorio, porque al más leve movimiento nos encontrábamos otra vez sentadas en el sanitario...


PD: Cuando le conté a mi cardiólogo me regañó durísimo por haberme sometido a ese proceso, mejor dicho, poquitas cosas buenas puedo rescatar del recuerdo de toda esa hazaña.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Buscando un broche para soltar la mierda

¿Alguna vez te ha pasado que te despertás sintiendo que no tenés nada para qué despertarte?

Es como un enorme wtf, se queda uno en silencio mirando para todos lados, como buscando una ramita en el techo de la que poder pegarse y arrancar con algún sentido la vida.

Me pasa muy a menudo, qué sensación tan deprimente, ¿o será la depresión misma?

Angustiante, a decir verdad.
¿Qué se supone que hace uno?

Yo medito mucho, soy una persona muy consciente de mi misma, de lo que vivo, de lo que siento, de lo que pienso. Me encuentro a mi misma como objeto de estudio en muchas ocasiones, al pensarme fuera de mi puedo encontrar tal vez un poco de soluciones y de reflexiones que me sirven para seguir adelante, pero en casos como este que describí, no tengo la menor idea.

¿Para qué abrí los ojos?, ¿tengo algo qué hacer?, ¿eso que tengo que hacer me hace sentir bien?, ¿útil?, ¿tiene algún propósito?, ¿qué pasa si no lo hago?
¿Da igual si me levanto o no? ¿a quién le importa?

Es como una plomada mental, emocional. Sólo falta encontrar el broche para dejarla caer y liberarse de ella.

De mi no esperen sino cambios

No esperen mucho de mi porque siempre he hecho lo que me da la ganay tengo toda la intención de seguir haciéndolo, sea o no lo que se espera.

A todas estas, qué desgaste esperar...
¿Han visto lo rápido que puede uno cambiar de opinión? ¿de sentir?
Del amor al odio no hay sino dos chulitos azules de diferencia