24.2.20

En este país el sistema de salud no te cura, te mata.

El sistema de salud en este país debería ser considerado una de las causas de mayor mortalidad, sino es la más. Qué frustración, qué indignación.

Nada está bien cuando deciden tratar al cuerpo (mente incluida) como si fuera un video que puede ponerse en pausa para que no avance. No es así, honorables caballeros encargados de la maquinaria fallosa y asesina, a las enfermedades no se les puede poner en pausa.

En este país el sistema de salud no te cura, te mata.  

Lo escribe una persona que ha sido beneficiada durante la mayor parte de su vida por un servicio de salud diferente al que usa la mayoría de personas. Desde hace un par de años me vi obligada a pagar ambos servicios y bueno, ya que los pago, más bien los uso, ¿no? 

No debería ser tan complicado pedir una cita, ser atendido por un especialista, recibir atención digna en urgencias. Lo único que no me parece una estrambótica demostración de corrupción e inutilidad es el reclamo de las medicinas.  Las medicinas para nosotros los deschavetados del coco son costosas, sale más barato matarse y pagar el sepelio completo que pagar un par de meses de estas medicinas, entonces por ese lado, bien por las hijas-de-las-tres-mil-p**** EPS (Entidad Prohibitoria de Salud, si me preguntan) que mes a mes nos ayudan a algunos con medicinas.

Pero vaya pues consiga una cita con un médico, cualquiera, general o especialista. No es posible contar con eso en el corto plazo, es decir, si sufres de alguna enfermedad repentina grave, date por muerto si no es lo suficientemente escandalosa y sangrienta como para que en las urgencias se apuren a atenderte. 

Hace unas semanas mi papá sufrió pérdida de la visión en uno de sus ojos y ¡ay, circo de pendejos el que lo atendió! Esta es la historia:

Un sábado cualquiera se despertó y no sólo no podía ver por el ojo izquierdo sino que sentía fuerte dolor de cabeza. Llamó a su sobrino, médico, quien le dijo que debía ir a una clínica especialista en neurología lo más pronto posible. A regañadientes, el macho alfa lomo plateado de la familia, fue. Allí lo examinaron y le recomendaron ir a un oftalmólogo, porque no consideraban que su problema era neurológico. Fin de la ayuda el sábado.

Lunes en la mañana. Va mi papá a la institución en donde deben atenderlo por orden de su EPS, luego de esperar un buen rato lo atiende un médico general, quien lo debe remitir al oftalmólogo, pero no hay cita con dicho especialista hasta dentro de dos semanas, por lo que el médico muy amablemente, llama al especialista y le pide que atienda a mi papá lo más pronto posible. Consiguen una cita para esa misma tarde, a la 1. El oftalmólogo lo revisa, le hace un examen y le dice que debe ir a un neurólogo, pues no tiene ningún problema en los ojos. De todas formas le pide hacerse un examen para descartar alguna otra cosa. La cita para ese examen se la dan para dentro de un mes. (Qué velocidad).

Bueno, ¿entonces dónde está el problema? A estas alturas, empezamos a desesperarnos porque no es como que estemos frente a un pinche resfriado, ni nada así de pendejo. Mi papá anda por el mundo como un tuerto, el oftalmólogo le recomendó no salir a la calle solo, no sabemos qué es lo que tiene y en la puta EPS no tienen afán alguno por ayudarlo.

Hablamos por teléfono mi hermana y yo, decidimos que, aunque una cita con mi neurólogo es bastante costosa, la vamos a pagar entre las dos, porque este asunto no se va a resolver con el sistema de salud de mierda que tiene este país.
Pido una cita urgente con dicho doctor, la próxima es en 2 semanas. Ah, nada que hacer más que esperar y prender velas o algo así para que no le pase nada a mi papá.

Por fin llega el día de la cita, jueves. Llevo a mi papá y afortunadamente el neurólogo me tiene afecto, porque al revisar a mi papá dice que es necesario hacerle varios exámenes urgentemente pues puede ser grave, y él personalmente se encarga de contactar al doctor putas-de-aguadas en el examen más urgente, y en horas de la tarde nos confirma que ha logrado que nos haga un espacio al día siguiente en hora de almuerzo. Ese mismo día lo llevo a hacerse unos exámenes de sangre, por supuesto los pagamos mi hermana y yo, no la EPS. Sin embargo, uno de los exámenes que pide el neurólogo es necesario hacerlo mediante esa entidad, porque el costo es exagerado. Muy diligente pido en la EPS que por favor nos ayuden a hacerlo lo más rápido posible, a lo que me responden que en dos días hábiles me darán respuesta.

Al día siguiente, esperamos un buen rato a que el doctor putas-de-aguadas en el examen nos atienda, afortunadamente al hacerlo, el resultado es positivo (no para el bolsillo mío, pero sí para mi papá), por ahora dependemos entonces del examen que pedí a la EPS.

El lunes siguiente recibo un correo de la EPS en el cual me indican que a principios de marzo me darán respuesta sobre el examen, que me contactarán para indicarme si lo harán y cuándo. Hágame el HP favor, ¡para eso falta más de un mes!
Super de buenas que somos, el neurólogo había prometido ayudarnos porque conoce las falencias del sistema y cuando me llama a preguntarme por mi papá, le cuento que falta todo ese tiempo para el examen y le receta unos medicamentos para ayudarlo mientras tanto.
Como era de esperarse, cuando un médico como él receta algo, es porque ese algo sirve, y mi papá se mejoró muchísimo desde que los tomó.

Estamos todavía esperando a la respuesta de la EPS, en lo que a ellos respecta, a ellos la salud de mi papá les importa un carajo.

Para no hacer más largo el post, no les voy a contar la odisea en la que estoy actualmente intentando conseguir una cita con mi psiquiatra, a pesar de pagar más de medio millón mensual en salud.

Son unos hijos de puta, mejor paro porque me voy a alterar y se me están acabando las medicinas, que ahora no me están dando porque se ya debo volver a cita con un psiquiatra para renovar la orden.

3.12.19

Mensaje para el lanzamiento de mi libro

Son muchas las sensaciones que se juntan, se separan, se destacan y combaten al mismo tiempo. Mi primer libro vio la luz. Fallidos Editores se tomó la molestia de revisarlo y decidió arriesgarse a publicarlo.
Dicen por ahí que uno no es escritor por publicar un libro, que un libro lo publica cualquiera, que publicar el segundo es el reto, y de tener una carrera como escritor casi nunca se dicen las bondades, sólo se habla de las múltiples complicaciones que uno debe encarar si quiere proseguir.
Desde hace tantos años me enamoré de las letras que uno creería que a estas alturas del partido ya tendría más publicaciones, pero no. Nunca la había considerado mi profesión, siempre había sido un pasatiempo y aunque sabía que podía ser más que eso, nunca le di la oportunidad. Tal vez por no confiar lo suficiente en mi “talento” para escribir, o para imaginar, o tal vez porque en mi cabeza estaba bien incrustada esa frase “se va a morir de hambre”. La respuesta nadie la sabe con certeza, pero que lo mío es escribir, es para mí más claro que una noche de luna llena, porque de todas las actividades y oficios que he probado, esta es la que más me encaja, la que más me permite ser libre.
Gracias a una publicación en una red social vi la convocatoria y pensé, “puedo enviar algo a ver qué pasa”. Estaba en Capurganá, empecé a crear en mi mente historias y logré escribir algunos cuentos de todo mi gusto. Sin embargo, como buena procrastinadora me relajé y el tiempo fue pasando. Un día recordé una historia que había sido una cúspide en mis retos como escritora ociosa y pensé que sería una buena oportunidad para evaluarla, para que ojos y mentes ajenos a mi círculo social decidieran si había valido o no la pena el ejercicio desde el punto de vista literario.
Meses después -creo-, recibí un correo notificando la preselección de la obra. Casi lloro, salté de emoción y en mi mente se abrieron todas las puertas y ventanas hacia la posibilidad de continuar escribiendo más que por ocio, por vocación. Pensé que si me daba la oportunidad podría desarrollar una carrera en este oficio y sentí verdadera felicidad, emoción sincera, ansiedad y mucho optimismo.
Ni que digo del momento en que recibí el correo a las 8:30 de la noche diciendo que mi trabajo había sido seleccionado como ganador y que la editorial quería publicarme. Estallé, mis átomos volaron por el aire y mi magnetismo los volvió a unir en un éxtasis como pocos. Fue una de las noticias más importantes que recibí en mi vida. Le habían dado el visto bueno a esa historia, a alguien le parecía que valía la pena ser publicada, ser leída por más personas, qué honor, qué orgullo, qué responsabilidad tenía mi obra de ahí en adelante sin saberlo, porque para mí es importante que si alguien va a leer algo que salió de mi interior, debe ser algo que para esa persona valga la pena el tiempo invertido, que le aporte, que no le quite.
Sé que mi libro no les gustará a todos, no existe una obra literaria que a cada persona que la haya leído le haya gustado, pero espero que sean más los beneficiados que los disgustados. Espero, y aunque no me gusta ese verbo, lo hago.
Nunca me había puesto en una posición tan vulnerable. Quienes han leído mi blog han podido entrar en mi universo mental, quienes me han escuchado cantar también han podido percibir algo de mí, pero esta vez se siente diferente. Seré juzgada por una obra, y aunque estoy segura de que no es la mejor que he hecho, es la primera con la que me tiro al agua sola y seguramente en algunos causará revuelo.
Cuando caí en cuenta que esta historia sería publicada pensé en mi familia, cómo puede ser que el primer libro que tengan mío sea este, con este tema, con estos detalles, con esta explicitud. Sentí ansiedad, me abrumó algo muy parecido al miedo, más precisamente miedo a decepcionarlos. Sin embargo, respeto y apelo a mi autenticidad, mi irreverencia y a mi forma de ser, por lo que me paro frente a ellos y a todos ustedes como una orgullosa mamá de su hijo atrevido, y he resuelto que no es problema mío lo que le cause mi obra a ninguno.
En cada uno de ustedes está la libertad de leerme o de cerrar el libro, tirarlo indignado al reciclaje -por favor no lo vaya a mezclar con el resto de basura- o regalarlo. Guiño, guiño.
Con todo mi corazón les doy las gracias por estar aquí, por acompañarme en un momento tan significativo, me hace muy feliz recibir de ustedes tanta energía bonita, mi sonrisa y plenitud de esta noche están patrocinadas por su amor y su presencia.
Diciembre 3 de 2019

2.12.19

Detrás del libro "Una fiesta y un secreto"

La pregunta más común que me han hecho acerca de mi libro "Una fiesta y un secreto", en este video corto tomado de una entrevista que me hizo Alejandro Herrán de Fallidos Editoriales, está la respuesta:


27.11.19

Mi primer libro

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