sábado, 29 de diciembre de 2007

Lo que pasó

Estaba pasando demasiado tiempo en Fantasía, entre el mundo de las hadas y lo mágico, por eso perdí la racionalidad en el mundo real.

Al abrirle los ojos a un nuevo día todo lo veía diferente, las palabras de los humanos resbalaban, excepto las de aquellos que considero seres excepcionales; de repente estaba sumergida en el mundo más espectacular que sólo conocen los niños y aquellos que se atreven a soñar para salir del absurdo mundo real.

El Sol jamás iluminó con esa intensidad, la Luna no se vió brillar con tanta fuerza en cielos llenos de estrellas, a mi lado había siempre un desfile de sonrisas y alegrías, conversándome cada minuto, burlando el paso del tiempo, atrapándome en su mundo, seduciéndome con la felicidad.

Siempre estuvo dentro de mí o cubriéndome, la música necesaria para recrear en Fantasía cualquier ilusión o deseo que naciera dentro de mí.

Recuerdo pasar con una criatura especialmente divertida la mayor cantidad del tiempo que le entregaba a los humanos, pero es que hace mucho tiempo dejé de considerarle como representante de la especie humana y podría gastar mi vida tratando de explicarles lo que es esa criatura, pero no me creerían, es difícil de imaginar que algo así pueda realmente existir.

El resto del tiempo estuve jugando en jardines llenos de flores, de bombas de colores, de helados y chocolates, acompañada de mis mil sonrisas jugué con un unicornio que se le voló al dueño porque lo dejó tirado en una manga, jugué con unas haditas más chiquitas que mis manos, pero cantaban conmigo a todo pulmón, sin importar el sonido poco placentero que emitíamos.

Ví pasar por mi lado un duende que le había quitado a su mamá la receta de la inmortalidad y me la quizo vender, pero no pudo parar a hacer el negocio porque su mamá lo perseguía como loca.

Por un momento toqué el cielo y en mis manos sostuve una estrella que sólo se deja ver en algunas épocas del año y siempre sale con sus dos hermanas porque los dioses las hicieron inseparables.  Cuando la sostuve con mis dos manos, me di cuenta de lo ligera que es y de la energía que emite; la examiné con mucho cuidado, tratando de encontrar algún huequito por el cual ver su interior, pero alguien me susurró al oído que no podía saber lo que tenía por dentro, que yo sabía lo que era y que sólo me quedaba tener fé que así fuera.  En ese momento no pude hacer otra cosa más que sonreír y apretar esa estrella, tal vez para sentir la fuerza de quién la habita, tal vez porque luego de tanto tiempo aún espero sentirla, o tal vez porque nunca había cargado una estrella!  La verdad no nos interesa saber porque intenté estriparla como si fuera un limón al que hay que sacarle jugo, sólo lo hice y listo.

En Fantasía fui feliz, soñé, jugué, me enamoré de un ser mágico y cuando me despertaron para volver al mundo real me desubiqué.  Perdí el control de lo real, perdí el control de todo lo que había creído controlar y casi me ahogo en un mar que estaba furioso, sintiendo el poder de la tormenta perfecta.

Alguien me tiró un flotador y me agarré con fuerza, miré y no era sólo una persona quien sostenía mi salvación, eran varios humanos, los mismos que habían sido valorados de forma incorrecta, o que habían sido puestos en segundo plano.  Reaccioné y me di cuenta que por muy feliz que sea viviendo en fantasía, este mundo loco e inentendible es donde debo vivir, o por lo menos debo dedicarle más tiempo y dejar de soñar con el amor que nunca voy a tener, porque esa creación de los dioses jamás saltará a buscar el cielo o porque quien se robó mis sueños tanto tiempo está atado a su cobardía.

Entre Fantasía y realidad, prefiero vivir en Fantasía...Hada, ninfa, cielo...prefiero ser eso, definitivamente!

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