Luna, frontera entre el cielo y la mar

Lo único que puede identificar la frontera entre el cielo y la mar en una noche como esta es ella, la Luna, tan iluminada, tan grande, con tanto poder. Muestra el límite, pero no nunca crea separación.
La mar y yo, yo y la mar, sin importar lo que digan, sin importar como caigan los dados, así tenía que ser, es y será. La necesito, a mi lado, con tanta energía que se lleva en sus olas rompientes lo que está mal y sucio en una vida llena de cosas que no puedo explicar.
No puedo enamorarme, ¡a nadie puedo entregar mi corazón pues ya lo tiene la mar! En mi cuerpo no está, puedo pasar horas mirándola y no ver a nadie más, es como un hechizo, estoy loca por la mar gracias al cielo, ¡dejarla me rompería el espíritu!
Marinera, siguiendo las estrellas que me indican a dónde llegaré cuando este viaje termine, ¡lo habré logrado pues seguiré navegando junto a ella!
Triunfaremos, deslizándome en su piel, recorriendo sus caminos invisibles y sin fronteras, con plena libertad, sin necesidad de permisos, la mar y yo, yo y la mar, con la Luna y el Sol como testigos, ¡esto es grande!
Sus mareas, mis tormentas y las suyas, provocándonos, dándonos sentimientos puros y limpios, nada más sagrado que un amor puro y sin ataduras, porque entre la mar y yo no hay obligaciones, nace del corazón, desde donde se sienten las mariposas y vuelan los sueños.

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